jueves, 24 de enero de 2008

griegos, libaneses, valencianos

¿Qué más da dónde haya nacido uno si no es para recordar los olores de las comidas, el color del cielo?





Lo importante es poder disfrutar en compañía o soledad de una bonita puesta de sol.

Un olor unido a mi infancia, el olor a pinos y pinocha mojados tras una tormenta veraniega en La Cañada. Y detrás de ese olor una cascada de recuerdos felices ¿qué suerte tener recuerdos felices? ¿No hubo ratos tristes? ¿Tan selectiva es la memoria?

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